jueves, 12 de septiembre de 2013

Todo empezó con...Iggle Piggle


Hace casi tres años, en octubre de 2010, hice la primera tarta que puedo recordar. Seguro que hice alguna tarta antes, pero probablemente de esas que vienen en cajas preparadas y obviamente nada digno de ser recordada.

Esta tarta, sin embargo, fue diferente. Antes que nada, era completamente casera. Pero aparte de eso, como la hice para celebrar el primer cumpleaños de mi hijo, podéis imaginar que quería hacer algo muy especial. En esa época, le fascinaba un programa de la tele que se llama “El jardín de los sueños” cuyos personajes principales son Upsy Daisy e Iggle Piggle, así que decidí hacerle una tarta de Iggle Piggle.

Vivo en Alicante, España y aunque ahora, en 2013, tenemos acceso a casi cualquier cosa que se puede necesitar para decorar tartas y cupcakes, no era así en aquel momento. El postre que se conoce como cupcakes, o sea pequeñas tartas elaboradas en forma de magdalenas, tan populares y corrientes en las culturas anglosajonas pero desconocidas hasta hace poco en España junto con la decoración de tartas con fondant y galletas con glasa real todavía no se había puesto de moda, así que mis recursos eran bastante limitados e hice lo que pude con lo que tenía.


Al final, la tarta quedó bastante mona, y desde luego, a Diego le encantó. Sin embargo, mi ojo crítico no me permitía dejar de pensar en los dos fallos principales. El primero fue debido a mi falta de conocimiento de la técnica conocida en inglés como “crumb coating”, que consiste en aplicar a la tarta una fina capa de buttercream y ponerla en la nevera para que las migas se queden fijas antes de aplicar la segunda capa de buttercream. De esta forma, evitas que se vean las pequeñas migas negras en el buttercream azul clarito. El segundo fallo fue que el color rojo de la manta quedaba demasiado claro por la falta de recursos dado que no podía encontrar un tinte rojo especializado.

Hice una tarta de chocolate básico con una cobertura de buttercream, que teñí con colorante líquido normal y corriente (de ese tipo que se encuentre en el supermercado). Hice dos rectángulos y corté las piezas para formar el muñeco Iggle Piggle cogiendo su mantita. No me acuerdo muy bien, pero seguro que imprimí una foto y aumenté el tamaño con la fotocopiadora para hacer la plantilla. Otra dificultad surgió porque, como fue la primera vez que trabaja con buttercream, no sabía que se puede regular su consistencia metiendolo en la nevera un rato cuando se hace demasiado blando. Por eso, me costó mucho más decorar la tarta entonces de lo que me hubiera costado ahora. Además, ahora que lo pienso, sé que no tenía ni manga pastelera ni boquillas, ¡así que creo que hice las líneas azules con una bolsa ziploc con un pequeño agujero cortado en una de las esquinas! Total, teniendo en cuenta mi falta de experiencia y pericia, me quedo bastante satisfecha con los resultados de la tarta. No obstante, después de esa experiencia, no tenía mucha prisa en hacer otra tarta…



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