Hace casi tres años, en octubre de 2010, hice la primera tarta que puedo recordar. Seguro que hice alguna tarta antes, pero probablemente de esas que vienen en cajas preparadas y obviamente nada digno de ser recordada.
Esta tarta, sin embargo, fue diferente. Antes
que nada, era completamente casera. Pero aparte de eso, como la hice para
celebrar el primer cumpleaños de mi hijo, podéis imaginar que quería hacer algo
muy especial. En esa época, le fascinaba un programa de la tele que se llama “El
jardín de los sueños” cuyos personajes principales son Upsy Daisy e Iggle
Piggle, así que decidí hacerle una tarta de Iggle Piggle.
Vivo en Alicante, España y aunque ahora,
en 2013, tenemos acceso a casi cualquier cosa que se puede necesitar para
decorar tartas y cupcakes, no era así
en aquel momento. El postre que se conoce como cupcakes, o sea pequeñas tartas elaboradas en forma de magdalenas, tan
populares y corrientes en las culturas anglosajonas pero desconocidas hasta
hace poco en España junto con la decoración de tartas con fondant y galletas con glasa real todavía no se había puesto de
moda, así que mis recursos eran bastante limitados e hice lo que pude con lo
que tenía.
Al final, la tarta quedó bastante mona, y desde luego, a Diego le encantó. Sin embargo, mi ojo crítico no me permitía dejar de pensar en los dos fallos principales. El primero fue debido a mi falta de conocimiento de la técnica conocida en inglés como “crumb coating”, que consiste en aplicar a la tarta una fina capa de buttercream y ponerla en la nevera para que las migas se queden fijas antes de aplicar la segunda capa de buttercream. De esta forma, evitas que se vean las pequeñas migas negras en el buttercream azul clarito. El segundo fallo fue que el color rojo de la manta quedaba demasiado claro por la falta de recursos dado que no podía encontrar un tinte rojo especializado.

No hay comentarios:
Publicar un comentario